El té matcha tiene sus raíces en China durante la dinastía Tang (618-907), donde los monjes budistas comenzaron a moler hojas de té verde y prepararlas en polvo para facilitar su consumo durante la meditación.
Más tarde, en la dinastía Song (960-1279), este método evolucionó en el Dian Cha (点茶), que consistía en batir el té en polvo con agua caliente hasta crear una espuma fina, una práctica que no solo tenía un fin espiritual, sino también social y cultural.
Fue durante la posterior dinastía Song cuando esta tradición alcanzó su mayor esplendor, convirtiéndose en un arte refinado que celebraba la estética, la armonía y la espiritualidad.
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